MEDITACIÓN BUDISTA ZEN

VEN. DR. HYOENJIN PRAJNA: Obispo y Abad Regional de México de la Orden Zen de Cinco Montañas, es monje y guía maestro de la sangha MBZ, recibió Inga el 16 de julio 2017, y recibió los 250 votos del Bhikshu (monje) el 22 de julio 2016 por el Ven. Dr. Wonji Dharma. Ven. Hyoenjin es originalmente de Kansas City, Missouri, USA y ha vivido en Guadalajara, México desde 2000. Tiene más de 45 años experiencia en meditación, dos maestrías (psicología y estudios budistas), y un doctorado de Psicología Oriente-Occidente investigando métodos de meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Ven. Hyoenjin imparte clases, conferencias universitarias, charlas Dharma, retiros y talleres sobre el buda-dharma además de citas individuales para orientación y estudio personalizado.

Un Obispo (Maestro Zen) es un miembro del clero que, después de haber recibido Inga, preside sobre una o más congregaciones. Esta posición incluye responsabilidades de supervisión sobre la comunidad de practicantes y los líderes en esa región. Un obispo sirve como guía e instructor en asuntos religiosos; y es a menudo el fundador y líder de sus congregaciones.

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lunes, 29 de julio de 2013

“NO SON UNO, Y NO SON DOS”
Tema del Mini-retiro
27/07/13
Rev. Hyonjin Sunim
(Ozmo Piedmont, Ph.D)

Que quiere decir, “No son uno y no son dos”? Otra expresión zen del mismo es, “Todo es Uno y todo es diferente”. Son maneras de expresar la verdad de que la mente y cuerpo, o el espíritu y la materia son diferentes e iguales a la vez.  El Budismo afirma que nada en el universo tiene una naturaleza independiente, todo está conectado, y todo tiene un impacto e influencia en todas las cosas del universo. Entonces, “no son dos” significa que todo está interconectado intimamente porque todo es una manifestación de la esencia fundamental, todo es Uno en esta esencia. Sin embargo, “no son dos” quiere decir toda la infinidad de fenomeno que surgen de esta esencia, siguen funcionando en su forma particular, componiendo la totalidad del universo, cada cosa contribuyendo en su forma especial al conjunto de este universo justo como es.  El Budismo usa expresiones como “Talidad,” o “Tal Como Es” o “Simplemente Así” para expresar esta realidad del que todo es la esencia en sí, y cada cosa es un componente particular y único en la formación del Universo tal como es, en su perfección que se puede experimentar directamente por medio de la práctica y el estudio del Dharma y la meditación.
      Hay algunas metáforas para demostrar esta enseñanza. Primero, es como el oro puro que se puede formar en miles de objetos preciosos.  El oro puede formarse en un anillo, un dije, un collar, o un bracelete.  Pero, a pesar de que cada objeto es diferente, su cualidad inherente, o sea, el oro puro, sigue igual en cada pieza.  Todo es oro (la esencia) y todo es diferente (la infinidad de formas que este oro pueden tomar, el mundo de los fenómenos.) Toda pieza de oro es siempre oro, como nuestra naturaleza búdica, la esencia, la vida vital, creativa, compasiva, y sábia, a pesar de que cada uno de nosotros vivimos en una manera muy particular y única esta fuerza fundamental del universo.
      No es sólo que cada cosa surgiera de la misma esencia, sino que todo influenciara también cada otra cosa en el universo, es decir, la enseñanza budista de co-origen inter-dependiente. Es como la red de Indra, una metáfora de como es el universo.  La idea es que el universo es como una red gigantesca, una infinidad de interconexiones entrelazadas por los hilos de la red. En cada punto de contacto donde los hilos se cruzan, hay atado un diamante. Se puede ver que cada diamante brilla con una luz reflejada de todos los otros diamantes, y en cada uno, se ve los imágenes de todos los otros diamantes reflejadas del resto de la red.  Si se toca cualquier punto de la red, todos los diamantes se mueven subtilmente por todos lados.  Tú y yo somos estos diamantes, reflejando toda la creación del universo en nuestro ser verdadero. Todo lo que hacemos o pensamos, afecta a todo el universo en alguna forma.  Por esto, es muy importante tomar responsabilidad por nuestros actos y pensamientos en cada momento, lo que requiere consciencia de quienes somos y como afectamos a los demas.
      Otro imagen de esta interconexión se encuentra en la filosofía Hua-Yen de China en la Sutra Avatamsaka.  Se describe esta relación como la de una casa con una viga en la casa.  La viga es un componente imprescindible para formar la casa.  Sin esta viga, la casa no puede construirse.  A la vez, la casa da realidad a la viga.  Sin una casa, la viga no tiene sentido ni existencia, sería solo una pieza de madera.  Entonces, las dos, la casa y la viga, son inter-dependientes, cada una siendo la causa y consecuencia de la otra, es decir, co-originando inter-dependientes. Esta relación a su vez pertenece a cada detalle de la casa, cada tornillo, cada teja, y cada detalle que compone la casa entera.  Todo la casa está compuesta de particularidades.  Y cada particularidad existe como consecuencia de la casa en su conjunto.  Casa y viga se crean y se dan existencia.  Igual, tu y yo nos creamos conjuntamente a la vez, y somos resultados de fuerzas formativas del universo total que da lugar a nuestra existencia. Todo surge de esta interconexión, y todo contribuye a mantener y formar todo el universo como consecuencia.  
      Entendiendo este hecho universal, ¿por qué es tan importante la meditación? El maestro zen Coreano del siglo 12, Chinul, describió nuestra práctica espiritual como “samadhi” y “prajna”.  Chinul describe samadhi como la mente en calma perfecta. Prajna se describe como la lucidez de la mente, ser consciente de aquí y ahora, en el presente, sin distorsión del pensamiento.  También se pueden describir como la mente en concentración de meditación, y la mente revelando la realidad del Dharma, la Verdad de las leyes del universo. Samadhi y prajna son dos aspectos del Ser Cósmico, la esencia, la naturaleza búdica y nuestra identidad verdadera. Aunque son uno en ser aspectos del Ser, son diferentes en su rol o función en el universo y en nosotros mismos.  Samadhi es la esencia del si mismo, que se caracteriza por la calma sin ilusión.  Prajna es la función del sí mismo que se caracteriza por la lucidez sin disturbios, actuando en el mundo.  Samadhi es la esencia del prajna, y prajna es la función del samadhi.  Los dos se identifican con el Ser universal immovible y absoluto en su estado no-dual.  Aunque operan diferentamente en el plano condicionado, nunca dejan su unidad con el Ser Universal. 
      En nuestra práctica fomentamos la atención vigilante para experimentar la mente tranquila y alerta de esta esencia. Darse cuenta de la mente calma lúcida es la iluminación innata, lo que Chinul llama la iluminación súbita. Aunque se despierta a la verdad de nuestra identidad verdadera por medio de la meditación revelando la mente calma y lúcida, requiere cultivo para manifestar esta realidad plena en la vida cotidiana.  La consciencia de esta esencia siempre reside en nosotros, sin embargo, se obscurece por las kleshas, tendencias en la mente basadas en codicia, ira, e ignorancia.  Las kleshas perturban la armonía innata interior, distorcionándola.  Se distorciona la esencia (samadhi) con la torpeza mental.  Igualmente, se distorciona la función (prajna) con agitación mental. Hay que equilibrar la calma con la lucidez para mantener la mente en su forma más abierta y expresiva del Ser Universal, la naturaleza búdica. 
      Zazen es indispensable para despertarse a la naturaleza búdica interior, y para manifestarla plenamente en la vida cotidiana.  Este aspecto de la práctica se llama la Iluminación Final, ser completamente Buda, por medio del cultivo gradual de la Iluniación inicial, o sea, el Camino del Bodhisattva.  Por medio del zazen, se puede voltear la luz de la consciencia adentro, rastreandola a su origen, lo cual revela la naturaleza original, nuestra cara antes de nacer, el fundamento del universo, compartido en cada fenómeno, la misma esencia de todos los Budas. Despertarse es entender que tu naturaleza original es la misma como todos los budas, y el trajabo es despejar todas las kleshas obstaculizando la libre expresión de esta naturaleza. Es como alimentar y cuidar a un embrión sagrado para que crezca a un santo. Otra forma decir lo mismo, es como un niño madurando: se nace, provisto de sus órganos de los sentidos, pero su fuerza y capacidad todavía no se han sesarrollado, lo que toma meses y años para realizarse como un adulto.  Al voltearse adentro y rastrear la luz de la consciencia a su origen, se puede despertar a la naturaleza verdadera, la que es tu propia mente.  Puesto que eres esta esencia, no es algo místico ni ajeno, sin embargo, no es algo que puedas ver como un objeto.  Es como una persona que asume que no tiene ojos porque no los puede ver, y desesperadamente quiere encontrar una forma de ver. No obstante, ya puedes ver, sólo necesitas aceptar que tu capacidad de ver, esta consciencia universal de tu mente, ya está presente.  Es tu propia mente, es tu naturaleza búdica. 
      Todo pensamiento y experiencia de los sentidos es vacío, es como decir, que nada tiene una naturaleza independiente, sino una esencia universal.  Cuando por medio de la práctica constante de meditación, y aplicación de los preceptos de comportamiento ético, además del estudio del Dharma para revelar la sabiduría innata, poco a poco, se eliminan las kleshas y la Iluminación Final brilla luminosa y perfecta, la mente calma y lúcida. 

      Chinul recomienda la meditación superior de “Tathata,” o sea, “talidad” o “tal como es” la cual es igual a nuestra práctica de shikantaza. Hay que fomentar la mente sin pensamientos discriminativos, sin comparaciones, ni apegos al futuro ni al pasado.  De hecho, no es necesario eliminar nada, puesto que todo es vacuidad, shunyata, la esencia en sí. Pero, si las kleshas siguen surgiendo, hay medios hábiles para eliminarlos.  Cuando la mente está agitada, usa samadhi para tranquilizarla, absorbiendo las kleshas, por la cual la mente no reacciona al entorno y se mantiene en calma.  Si la mente experimenta torpeza mental, usa prajna para investigar el Dharma, estudiando para que la mente brilla con la plena luz de consciencia original.  Controlando las distracciones con samadhi y la torpeza con prajna, se aprende mantener el samadhi y la prajna igualmente.  Todo pensamiento naturalmente puede voltearse y rastrearse a su origen interior.  Al experimentar la calm lúcida de la mente, se realiza la verdadera identidad basada en la esencia cósmica, la naturaleza búdica en armonía con todo.  

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domingo, 28 de julio de 2013

INVOCACIÓN, VOTO Y PRÁCTICA
Rev. Hyonjin Sunim
(Ozmo Piedmont, Ph.D.)

¿Por qué tomar los preceptos laicos del Budhismo? Si se hace un voto público, es más consciente. Ser consciente de los votos es necesario para praticar los preceptos. En esta forma, los hacemos nuestros propios, no como alguna restricción exigido desde afuera, sino un portal a la libertad. Los preceptos nos liberan de las cadenas de los tres kleshas: codicia, ira, e ignorancia, transformándolas por la práctica en generosidad, compasión, e sabiduría.
            ¿Qué significa practicar los preceptos? Practicar los preceptos es estar en armonía con la vida y el universo.  Es ser consciente de lo que estás al punto de hacer en cada momento. Cuando se rompe un precepto, hay que ser honesto contigo mismo, reconociendo el hecho y asumiendo responsibilidad por ello. Es como cuando trabajamos con la respiración en zazen: cuando la mente se desvía, se da cuenta del hecho, reconociéndolo, asumiendo responsabilidad por ello, y volviendo de nuevo a la respiración.  Nadie más está involuncrado en el proceso. Nadie más está vigilándote, asegurando que estés practicando bien. Sólo tú sabes cuando hayas roto el precepto, y asumes responsabilidad por el hecho.
            Asumir responsabilidad por tus acciones es ser amo de tu vida, apoderándose hacer lo correcto en cuanto a lo que está obstaculizándote, sin culpar a otros o a las circunstancias exteriores surgiendo. Somos los creadores de nuestro mundo. Reconociendo este hecho, tomamos posesión de los preceptos, haciéndolos nuestros, y así, se da vida a Buda.
            Según el maestro Zen Dogen, del siglo 12 de nuestra era, la meditación, la practica para lograr la Iluminación, y la Iluminación en sí son todas la misma cosa. Cuando te sientas en meditación, estás manifestando la sabiduría, la compasión, y la Iluminación de los Budas. Los preceptos son lo que define la vida de un Buda.  Practicar los preceptos es expresar la sabiduría y la compasión de un Buda como tu propia vida. La ética, la moralidad, y la Iluminación son uno. La práctica de los preceptos toma lugar en el mundo basado en la ética y las enseñanzas morales pasados de maestro a alumno por varias generaciones desde el Buda hasta ahora. La ética y la moralidad son indispensables para praticar el Buda-Dharma.
            La práctica de los preceptos crea cierta realidad, un estado de consciencia. Es un estado en el que estamos en armonía con las enseñanzas éticas y morales del Buda, un compromiso firme para vivir con integridad, vitalidad, consciencia, y congruencia. Los preceptos se basan en la ley de interdependencia, co-originación, y la interpenetración de todas las cosas del universo. Los problemas que surgieran en nuestras vidas llegan a ser nuestros koans, acertijos espirituales para resolver, los que se traen a las consultas con el maestro para recibir orientación y aclarar dudas.  Los preceptos sirven como guías en el camino de los budas, dándote la orientación de como vivir en equilibrio, armonia, y paz con el mundo. Se puede usar y explorar los preceptos aunque no los tomen formalemente en Jukai. 
            Durante Jukai, invocamos los Tres Tesoros de Buda, Dharma, y Sangha, con los bodhisattvas y el linaje de maestros, arrodillándonos y poniendo las manos juntos frente al pecho en gassho para expresar la unidad de toda dualidad, y recitamos “Se uno con el Buda el las diez direcciones, sé uno con el Dharma en las diez direcciones, sé uno con la Sangha en las diez direcciones,” identificándonos con la esencia de todo el universo. El lenguaje del cuerpo tiene su impacto en nuestra consciencia. Hacer gasshos, reverencias, y sentándonos en medio loto en el piso, con las manos en la mudra cósmica, estamos poniéndonos en una actitud de ser Buda. Lo que hacen nuestros cuerpos, nuestras voces, nuestras mentes, es lo que crea nuestro karma.  
            Cuando invocamos ser uno con el Buda, Dharma, Sangha en las diez direcciones, estamos creando una acción que crea karma. Karma significa actividad, acción, y el proceso de causa y efecto. Lo que haces es lo que te pasa. El karma se perpetua a si mismo, sea bueno o malo. El karma mantiene la cadena de causa y efecto. Si hacemos algo malo basado en codicia, ira, o delirio, experimentamos consecuencias negativas.  En la misma manera, si hacemos algo bueno basado en benevolencia, altruismo, y compasión, experimentamos consecuencias positivas.  Cuando estamos invocando al Buda, estamos invitando el universo ilimitado en sí, junto con el Buda histórico, y todos los practicantes espirituales de todos los seres sensibles del universo, ser presentes. En efecto, estamos identificando nuestro propio cuerpo y mente con el universo entero con todos sus seres.
            ¿Cómo funciona la mente? La realidad y la experiencia humana son resultados de los órganos de percepción interactuando con objetos y eventos en el mundo, con la consciencia jugando su papel en el proceso. Por tanto, la mente, el pensamiento, y la consciencia crean la realidad. El mundo de dualidad y fenomenos es el mundo creado por esta interacción del cuerpo y la mente por medio de los sentidos.  Todo es una construcción mental. Entonces, nuestra experiencia en el mundo es el resultado de lo que percibimos, nuestras intenciones, y las acciones causando karma y sus consecuencias. Invocar significa recordar. Cuando invocamos a Buda, estamos recordando a Buda en nuestras mentes.  Bodhidharma dijo que el Buda es la consciencia en nuestro cuerpo y mente, lo que previene el mal de surgir. Entonces, invocar al Buda es recordar continuamente lo bueno, puro, y correcto en nosotros, en nuestros cuerpos y mentes.  Cuando hacemos esta acción mental, estamos creando karma, en este caso, buen karma. Los 3 kleshas bloquean nuestra experiencia directa del Buda. Invocar al Buda es abrir la consciencia de la mente, recordando nuestra esencia cósmica, lo puro, ético, y virtuoso en nosotros. Hay que enfocar nuestra consciencia, la luz interior, la Iluminación en sí, recordando constantamente el Buda interior, nuestra naturaleza Búdica, para eliminar las kleshas bloqueando nuestro ser.
            Entonces, hacemos una promesa a nosotros mismo, y a la comunidad de practicantes espirituales, que vamos a recordar lo que es Buda en nosotros, los preceptos en acción.  Es una declaración de nuestro intento basado en consciencia iluminada. Por tanto, si hemos hecho una acción basada en la consciencia iluminada, la consecuencia, el karma, será basada en la iluminación también.
            Hacemos un compromiso, una promesa, seguir los preceptos, con la intención de salvar a todos los seres sensibles del universo.  Es un voto sagrado. En el momento de hacer estos votos, estamos eligiendo convertir todo lo negativo y dañino, en algo positivo y libre. La práctica diaria que surge de estas intenciones son acciones de un Buda practicante.  Dogen dice que un Buda es el que mantiene comportamiento digno. El desarrollo de un Buda ocurre por medio de la práctica de un Buda, sin expectativas de Iluminación o beneficio personal. La práctica manifiesta dignidad, en la forma de Buda y Nirvana, y la dignidad transforma a uno por manifestar el Camino del Buda, la práctica. La práctica es la verificación y la manifestación de la Iluminación de todos los Budas. La práctica y la Iluminación son uno. Cuando practicas estás realizando lo que todos los Budas had realizado, que son Iluminados y uno con la esencia, y uno con el universo, y con la esencia pura, compasiva, y sabia, manifestándose como la acción ética y moral de la Iluminación.

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viernes, 19 de julio de 2013

JUKAI: Recibir Preceptos Es Iluminarse

Rev. Hyonjin Sunim
(Ozmo Piedmont, Ph.D.)

Jukai es una ceremonia budista en la que un discípulo formalmente recibe los preceptos de su maestro, un acto significando su elección de seguir el camino de los budas, y por consiguiente convertirse en un hijo o hija del Buda. Se la considera un momento de suma importancia en la vida de un budista, puesto que por medio de este acto se manifiesta la Iluminación con plena consciencia, identificándose con la esencia del universo.
            El diccionario define “precepto” como 1. una regla o principio para actuar, 2. un guía para la moralidad, y 3. una especie de instrucción para operar algo.  Los preceptos nos sirven entonces como un conjunto de reglas, guías, e instrucciones para vivir plenamente, sin sufrimiento.  Es una manera de evaluar si estamos actuando igual a un buda, ya que de hecho, somos todos budas en nuestra esencia. Es sólo que no percibimos esta esencia todavia porque se queda cubierta por nuestros hábitos mentales basados en egoísmo y negatividad. Cuando aplicamos los preceptos a nuestra conducta, estamos rompiendo patrones mentales condicionados por esta vida y otras, en las que estamos apegados a la codicia, frustración, e ignorancia. Sin embargo, la posibilidad de liberarnos de estas tendencias negativas siempre depende de nosotros mismos, en nuestra capacidad de abstener de impulsos habituales, prestar plena atención a las sensaciones egoistas surgiendo en la mente chica, y elegir otro camino de comportamiento. Los preceptos nos guían en el camino correcto, el camino de los budas.
            ¿Cuáles son los preceptos? Para un láico, hay 5 preceptos fundamentales. No requiren ningún don especial, simplemente la intención de vivir consciente, ser amable, y vivir en paz.  Son cinco preceptos que cada budista toma para comenzar su camino espiritual. Se llaman los votos de pratimoksha, con “prati” significando individual y “moksha” significando la liberación en sanskrito. Entonces, pratimoksha quiere decir los votos para la liberación personal del sufrimiento. Estos preceptos incluyen 1. preservar la vida, no matar; 2. ser generosos, no robar; 3. honrar el cuerpo, no hacer mal uso de la sexualidad; 4. ser honestos, no mentir; y 5. proceder con claridad, no nublar la mente con intoxicantes.   
            Historicamente, se consideran los preceptos como cosas en sí, realidades tangibles, cosas preciosas tratados con respeto, como un regalo especial entregado de uno maestro a su discípulo. A la vez, son cosas frágiles, mereciendo mucho cuidado como ollas de arcilla: son delicadas y se rompen facilmente.  Si esto pasa, hay que conseguir otros nuevos, en otra ceremonia de Jukai.
            ¿Qué significa la palabra “Jukai”? En japonés Kai significa preceptos y ju significa recibir; entonces “recibir los preceptos.” Pero hay otro sentido más profundo de la palabra jukai. Ju es sinónimo con la palabra kaku, la que significa “realizar”.  A veces se llama al Buda “Kakusha”, el que tiene el sentido de “Realizado” o “Iluminado.” Kai además significa “Naturaleza Búdica”. Por tanto, Jukai expresa la aspiración de todo budista, “realizar la Naturaleza Búdica.” Recibir los preceptos es literalmente realizar la esencia del universo como tu verdadero ser.           
            Al final de la ceremonia de jukai, se le pregunta tres veces: “¿Vas a seguir los preceptos?” Y tres veces el discípulo se compromete respondiendo: “Sí...sí...sí.” Entonces, en este momento preciso se convierten el cuerpo y la mente del discípulo en kai, como kai tai, la Naturaleza Búdica revelándose.
            Al principio de la ceremonia, se recita un verso sagrado: “Todo el karma malo cometido por mi desde los tiempos antiguos, debido a mi codicia, enojo e ignorancia, nacido de mi cuerpo, boca y pensamiento, ya lo expío todo.” Es una forma de expresar “sange,” lo que significa en japonés “arrepentimiento y expiación.”  Hay tres aspectos de este sange: samadhi, preceptos, y sabiduría

  1. Samadhi es lo que se experimenta al penetrar profundamente en la meditación, viendo directamente al Buda, o sea, realizar la esencia de todo el universo. 
  2. Preceptos son recomendaciones para vivir en armonía con el mundo, la ética de budismo, cultivando  más y más concretamente la realización de la Mente búdica en nuestra vida cotidiana. Cuando tomamos los preceptos, estamos comprometidos 100% a la intención de vivir según estas recomendaciones, a pesar de que una y otra vez nos olvidamos, cometiendo errores resultando en sufrimiento para otros y nosotros mismos. Sin embargo, si admitimos nuestro error, podemos volver de nuevo a los preceptos y a nuestra esencia interior.  Hay que recordar que un precepto no es un mandamiento, puesto que no hay pecado en el budismo. Ni hay nadie vigilando ni juzgándote si rompes un precepto. Es evidente a uno mismo por la ley de causa y efecto, la ley de karma: si cometemos acciones malas, vamos a sufrir. Pero si actuamos acorde a los preceptos, nos sentimos en paz.  Nos  aprendimos esto practicando la meditación, experimentando la mente calma y lúcida, dos aspectos de la esencia cósmica. 
  3. Sabiduría tiene que ver con la “no-naturaleza” o el “no-yo”, sinónimos de la naturaleza verdadera, la Naturaleza Búdica. Realizar la Naturaleza Búdica es trascender lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto. Es renunciar la codicia, ira, e ignorancia del ego, dejándonos ver nuestra naturaleza verdadera, lo cual es sabiduría. Sabiduría es identificarse con la esencia del universo.  Nuestro trabajo en esta vida es realizar y expresar esta esencia de manera consciente y directa en nuestras vidas cotidianas. 
     
      En efecto, cada uno de nosotros es un buda. Es sólo que no lo sabemos ni lo experimentamos debido a nuestro apego a los hábitos de la mente chica.  Pero al expresar arrepentimiento por nuestros actos negativos, logramos el Tesoro del Buda, conocido como “anuttarasamyaksambodhi”. Dentro de nosotros es esta esencia pura, un Cuerpo Único, el que ve con ojos de un Buda, viendo las cosas como son, todo como resultado de la causación, o sea, el “co-origen inter-dependiente”. Eso significa que todo fenómeno es impermanente, interconectado con el resto del universo, como una gigantesca red cósmica. Cada fenómeno surge por causas anteriores y es a su vez causando otros fenómenos. Todos surge, existe, cambia, y desaparece, la causa de otras cosas surgir a su vez. La causación y la impermanencia son la naturaleza de la “no-naturaleza,” o sea, shunyata, la vaciedad.  Es una vaciedad plena de vida, sabiduría, y creatividad; en fin, la Naturaleza Búdica.
      Realizar la Naturaleza Búdica es la Iluminación, identificándose con los Tres Tesoros. El primero es el tesoro del Buda, que somos esta misma esencia del universo.  El segundo es el tesoro del Dharma, que cada uno de nosotros es una personalidad única, especial y diferente, un regalo al universo. El tercero es el tesoro de la Sangha, dándonos cuenta de que somos estos dos aspectos inseparables a la vez, individuos únicos y la esencia universal. Así son Los Tres Tesoros.
      Todo en el universo, todos los fenómenos, tú y yo, todo es diferente y esencia única a la vez. Entender esto es el significado verdadero de jukai. Al recibir jukai, tu verdadera naturaleza se está revelando como los Tres Tesoros. Al recibir jukai, nos confirmamos idénticos con el Buda, Dharma, y Sangha, convirtiéndonos en hijas e hijos del Buda. Al final de la ceremonia, se recita: “Cuando los seres sensibles reciben la sila (preceptos), entran al reino de los budas, lo cual no es otro que La Gran Iluminación.  Efectivamente son los hijos del Buda.” Es para enfatizar que somos tanto la esencia como individuos diferentes, igual como los hijos e hijas a sus papás y mamás. Con tal de que, tarde o temprano, nos maduramos, llegando a ser budas perfectamente realizados, ya adultos espirituales.  Mientras tanto, confiamos en que somos miembros de la misma familia de budas. Recibir jukai es revelar y afirmar esta verdad maravillosa.

(La ceremonia de Jukai para recibir los preceptos se tomará lugar el 15 de diciembre 2013 en Guadalajara, Jalisco, México. Los interesados pueden comunicarse con Rev. Hyonjin Sunim para más información sobre el evento.)  

Bibliografía
Loori, John Daido. (2009).  Forward por HakuyuTaizan Maezumi: “Jukai: Receiving the Precepts.” The Heart of Being: Moral and Ethical Teachings of Zen Buddhism.  Dharma Communications Press. Kindle Edition.

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sábado, 13 de julio de 2013


Mini-Retiro Zen Con Oryoki

Sábado 27 de Julio, 2013, 9:00am - 6:00pm

Efraín Gonzalez Luna 2360-1,
(Esq. Juan Ruíz de Alarcón),
Col. Arcos Vallarta, Gdl.,
Jalisco, México
(33) 1523-7115

Costo: $300.00

Dirigido por Rev. Hyonjin Sunim en las formas tradicionales del Zen - meditación sentada y caminando, recitativo litúrgico de sutras, comida estilo monástico Oryoki, y charla Dharma - desarrollando la plena atención por la mente calma y lúcida de nuestra esencia universal.

Encuentra la paz dentro de ti

Rev. Hyonjin Sunim (Ozmo Piedmont, Ph.D.) es sacerdote del linaje Chogye Zen Corea del orden de Great Cloud Zen Society. Tiene más de 40 años experiecia de meditación y un doctorado investigando la psicología de la meditación en las tradiciones espirituales del Oriente. Sigue estudios intensivos del Buda-Dharma en el seminario Prajna Institute, USA mientras que da clases de meditación y orientación espiritual.

ORYOKI es la ceremonia tradicional de comer praticada por los monjes budistas en sus templos y monasterios de Corea, Japón y China. Es una meditación en acción parecida a otras prácticas estéticas de estos países, como el arreglo de flores y la ceremonia del té. En Oryoki, se usan los utensilios formales de cuencos, palillos, y servilletas mientras se come en silencio contemplando el acto de comer con atención vigilante. Antes y después, hay recitación litúrgica de sutras sagradas bendiciendo a los participantes y ofreciendo mérito a todo el mundo mientras se tocan campanas, tambores, y otros instrumentos tradicionales dentro de un formato prescrito de gestos, ubicación de utensilios, y su limpieza. Se proveen en el retiro los equipos de utensilios, servilletas y cuencos para comer. No se necesita ningún conocimiento previo para participar. El maestro les guiará a todos los principiantes con instrucciones escritas para la ceremonia.